Buscando algo sobre los orígenes de la corrupción en Colombia me encontré un artículo de Juan Gossaín donde expresa que el primer escándalo de esta naturaleza se presentó en el año 1602 cuando el Presidente de la Real Audiencia, don Francisco de Sande, se echó al bolsillo un dinero que habían enviado desde España para consignarlo en la tesorería del Virreinato- un montón de plata en esa época: $5.000. Nadie pudo sacarle lo robado; se murió antes de ser juzgado; algunos dicen que lo envenenaron. Una gran coincidencia, porque hoy, los corruptos se enferman y no pueden asistir a las audiencias o juicios.
¿Qué es lo que se roban los corruptos? El dinero público, porque creen que lo que es público no es de nadie. Se equivocan, es de todos; en pocas palabras, se adueñan de aquello perteneciente a toda la sociedad o común del pueblo, valiéndose del poder o el cargo que desempeñan. Por arte de magia todos los corruptos ganan muy buen salario y son corbatas asignadas por los ciudadanos o los llamados partidos políticos, sin embargo, es bueno mencionar a los corruptos del sector privado, pues ellos no me perdonarían la omisión, ya que tienen gran escalafón en el país.
Es importante saber que la corrupción no sólo es un problema legal que debe preocupar a toda la sociedad, sino una cuestión de un hondo y profundo sentido ético y moral que evidencia la crisis de valores en nuestro país; también es un problema político y económico que deteriora paulatinamente la democracia, constituyéndose en el peor enemigo de cualquier sistema socioeconómico basado en la competencia y la igualdad de posibilidades. Las triquiñuelas de los corruptos han hecho tambalear la economía, la credibilidad y la gobernabilidad de nuestra tierra.
No creo que haya un sólo rincón de Colombia libre de esta epidemia brutal; soñaba, hasta hace unos años, que la zona cafetera se libraba de los dueños de lo público, pero me equivoqué de cabo a rabo; basta tomar unos pequeños ejemplos quindianos: la Alcaldía de Armenia y la Gobernación del Quindío se llevan la medalla de oro nacional en cuanto a corrupción se refiere; doña Luz, su esposo y cinco exfuncionarios acusados de fraude; el reverendo padre en el ojo del huracán y los jugosos contratos del asesor de la gobernación con apellido de ciudad. Pero, no podrían faltar los compañeros de trabajo de la señora Hurtado, a quienes la fiscalía les imputó cargos por el delito de prevaricato por acción en concurso homogéneo y sucesivo.
Los quindianos y los cuyabros ya no saben qué hacer; algunos están pensando en cambiar el documento de identidad para no pasar por corruptos o ladrones; el problema es que la Registraduría del Estado Civil está demasiado ocupada en época preelectoral. Otros, en medio de la angustia y el dolor, esperan las elecciones del 27 de mayo para cobrar las verdes y las maduras. No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.
Como decía mi abuela: "El vivo vive del bobo" y "Por la plata baila el perro".