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LOS RATEROS COLOMBIANOS Y SU JUBILACIÓN

5 febrero 2020 11:53 pm
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Entiéndase por “ratero”, a una persona que trabaja por ratos y, en nuestro caso, por horas; para más precisión, aquel colombiano que no podrá firmar un contrato de tiempo completo ni soñar con una pensión durante toda su existencia; tampoco en el cielo, en el purgatorio, incluso, en el infierno, donde son posibles los torcidos más impresionantes, frutos de las llamas con las cuales nos amenazan a diario.

Al escuchar a la señora Arango, quien está de salida del Ministerio del Trabajo, le provoca a uno salir corriendo a enroscarle más las pestañas; ¿será posible que un colombiano se ponga a estudiar 16 años (kínder, primaria, bachillerato y universidad) para que lo contraten por dos horas en una empresa? Así las cosas, no necesitamos una Ministra todo el día; para hablar bobadas, con dos horas tiene y su presidente, para economizar neuronas, no tiene que viajar todo el día, dos horas son suficientes.

Estoy de acuerdo con Matador, como los pilotos van a trabajar por horas, cuando el vuelo sea muy largo dejarán la nave a la deriva. En cuanto a los congresistas y sus asesores, que se les pague por horas trabajadas, que son pocas y el dinero que se ahorre en esta vuelta, que se invierta en la generación de empleo digno. La mayor desgracia que le puede suceder a un colombiano es convertirse en profesional; una vez tiene el diploma en la mano debe agachar la cabeza, regar hojas de vida, ir a entrevistas ridículas y escuchar la manida frase: “Lo llamaremos al número que aparece en su currículo, no tiene que llamarnos”. Si está con suerte, puede esperar una oferta del 70% del salario mínimo para responder a la oferta laboral, o una vinculación por horas para reemplazar a un rondero o a una señora que salió a licencia de maternidad.

Dios me libre de volver a la Universidad; todo el tiempo que se invierta allí será perdido miserablemente; recuerdo como jodían los profesores todos los días, recitaban unas letanías que no las entendía nadie, eran dueños del saber y ese saber era poder. Enseñaban de todo, pero no preparaban para el ejercicio real de la profesión; desgraciadamente, no aprendimos a “vender” nuestros servicios ni a cobrar por lo que hacíamos; nos prepararon para atender una vaca que no existía en la realidad. Todo sigue igual: hay dos realidades, una al interior de la facultad y otra, en los potreros de Colombia.

Cambiando de tercio, no sé cómo se hará la reforma pensional si se van a respetar los derechos adquiridos y no se va a cambiar la edad de jubilación (tanto para hombres como para mujeres). El gran distractor es que habrá muchos cuchos sin pensión en muy poco tiempo; sin embargo, el problema va por otro lado; que se tengan de la nalga los que están por debajo de los 49; se los va a llevar el que los trajo; les van a salir con una sorpresa maravillosa, pues será imposible pensionarse trabajando por raticos, mientras persistan las megapensiones del Congreso, las Cortes y la Honorable Presidencia de la República. Aquí si podrán decir: no hay cama para tanta gente.

¿Para qué una pensión cuando uno no ve, no es capaz de caminar, no oye, no puede orinar tranquilo ni es capaz de masticar por ausencia de porcelana en las encías? Al ritmo que vamos, el mayor porcentaje de colombianos será pensionado por invalidez. Como decía mi abuela: “La vida empieza con la jubilación, pero se estremece con la pensión de invalidez”.

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