Aldemar Giraldo Hoyos
Esta pandemia nos ha servido para mostrar las dos caras de los humanos: la grandeza de espíritu y la perversidad; en el primer caso caben los solidarios, humanitarios y caritativos, quienes se han interesado por los desvalidos y necesitados en esta crisis sinigual; aquellos que comparten lo que tienen, en silencio, lejos de los medios de comunicación y sin esperar nada a cambio; no hacen mucho ruido, pero su acción trasciende todos los rincones. Sin ellos, Colombia no sería Colombia. Gracias infinitas.
La otra cara está constituida por los “vivos” de ocasión; me refiero a los oportunistas que aprovechan la necesidad para lucrarse; esos corruptos que se roban las ayudas y les dan otro destino; los gobernantes y “lideres” que celebran contratos con evidencia de sobrecostos y desvíos en las ayudas para mitigar el COVID-19 y los alimentos para los sectores más pobres. Estoy de acuerdo con don Iván: “El que se robe una ayuda para atender la pandemia solo cae en la condición de ser un bandido de la peor ralea. Eso es comportamiento de una rata de alcantarilla. Al que le quite la posibilidad a una persona vulnerable de recibir sus alimentos le debe caer todo el peso de la ley”.
Ojalá los entes de control cumplan lo que dicen y tomen verdaderas cartas en el asunto; este es el momento de mostrar para qué sirven la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría; que justifiquen sus nombramientos y salarios; que lleven las investigaciones “hasta las últimas consecuencias”, caiga quien cayere; la contratación directa, con motivo de la emergencia, no puede convertirse en “la gallina de los huevos de oro” de los corruptos cacos que merodean por todos los pasillos de nuestra patria.
Desgraciadamente, el robo no se da sólo en mercados, sino en insumos sanitarios, indispensables para el manejo de la pandemia, como mascarillas, pruebas de laboratorio, guantes, desinfectantes, cámaras, respiradores, etc.; si por aquí llueve, por allá no escampa; basta con mirar la madre Patria y Méjico, países donde las denuncias son abundantes y con valores astronómicos. La corrupción campea por muchos lares; los veedores y medios de comunicación se han comprometido en esta tarea de desvelar esas porquerías o bazofias que se enriquecen con el sufrimiento de los demás,
Tenemos que convertirnos en inspectores de la inversión social, fiscales de los gastos de nuestras entidades territoriales y denunciantes de los entuertos de aquellos que quieren mostrarse como chacales disfrazados o benefactores de micrófono. Como decía mi abuela: “Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella”.