jueves 11 Dic 2025
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El racismo malintencionado como arma política

6 julio 2023 5:00 am
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Aldemar Giraldo Hoyos

Esta columna la escribo con rabia y dolor, después de observar imágenes descalificantes y frases hirientes, en las redes sociales, en contra de la vicepresidenta, por el solo hecho de ser negra; se le niega la condición de humanidad y se le somete a la burla de los internautas incapaces de escogencia alguna, la mayoría de las veces, y muy poco dotados de un rasgo escaso: sensibilidad humana.

Respecto a la diferenciación del color de la piel, a la que tanta importancia se ha dado (muchas veces de una manera malintencionada), en la última reunión de la Sociedad Americana de Antropólogos Físicos (abril 2000,San Antonio, Texas), el profesor australiano Maciej Hennenberg mostró cómo el color de la piel cambia relativamente pronto, de más tintado a menos tintado, al desplazarse (los aborígenes australianos) desde el Ecuador a latitudes sur más altas, es decir, al alejarse de la intensidad de los rayos solares (ultravioleta).

Considero esencial recordarles a los tres recientes perversos manipuladores de las redes sociales, henchidos de odio que, según las últimas investigaciones, basadas en serios estudios antropomórficos de fósiles encontrados en el continente africano, el Homo sapiens, del cual descendemos los humanos, empezó a evolucionar en Africa, mucho antes de migrar a otras regiones o continentes; imposible pensarlos de piel blanca y ojos azules en esas latitudes; sin miedo al error, puede afirmarse que nuestros “abuelos” fueron negros y el matiz de su piel fue cambiando como una respuesta a la adaptación.

Algo más, no hay fundamento para invocar la existencia de diferencias entre raza blanca y negra; lo que sí existe es diversidad genética en la especie humana. Mucha gente cree que la pigmentación de la piel refleja la pertenencia a una raza y esa noción, en el caso de nuestra especie, carece de sentido. Desde un punto de vista biológico, las razas humanas no existen. Como no conozco el nivel de formación de los racistas a los cuales he hecho mención, he partido de afirmaciones simples y precisas, de fácil comprensión, las cuales pueden sembrar las primeras preocupaciones mentales al respecto.

Lo que sí creo y refuerzo con el pensamiento de Martha C. Nussbaun, es que” todas las sociedades humanas crean grupos excluidos que reciben el estigma de causar vergüenza, repugnancia o, por lo general, ambas cosas”. Al actuar frente a la debilidad, la necesidad y la interdependencia, debemos pensar que en nuestras respuestas inciden las características de cada familia, la ley y las diferentes normas sociales; en Colombia hemos sido demasiado tolerantes con la segregación y la discriminación por determinadas características; da la impresión de que perpetuamos conductas propias de momentos históricos llenos de dolor y sufrimiento; los señalamientos discriminatorios se convierten en mofas que adornan nuestro contexto cultural, algo contradictorio en un país eminentemente mestizo.

Me preocupa que el rechazo a la discriminación de la cual fue víctima Francia Márquez, haya sido más notorio en el exterior; muchas organizaciones internacionales han rechazado estos ataques racistas de la prensa y las redes sociales (WOLA, CEADA, Race and Equality); nuestra respuesta ha sido muy endeble; no basta con mencionar a los racistas, es indispensable someterlos al peso de la ley para que reciban el castigo merecido.

Hay mucho por hacer, “si el niño recibe una educación positiva en el marco de la familia y una buena formación en la escuela, es muy posible que sienta comprensión e interés por las necesidades de los demás y que los vea como personas con sus mismos derechos”. (Nussbaun, 2013:64). Pero, no podemos dejarle la tarea exclusivamente a la escuela; la educación es para las personas y es responsabilidad de todos. Como decía mi abuela: “La discriminación es la única arma que tienen los mediocres para sobresalir”

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