Aldemar Giraldo Hoyos
Sigue dando buen resultado en nuestra clase politiquera, lograr que los electores lleguen indignados a las mesas de votación; enojados o verracos con el partido o el candidato que necesitan derrotar, sin tener la más mínima noticia sobre la propuesta de su partido o candidato; basta con estimular el odio o aversión hacia los contrincantes.
Esto sucedió durante el plebiscito sobre los Acuerdos de Paz en nuestra amada Colombia; ganó el NO y leamos las polémicas declaraciones del promotor del NO, sobre la estrategia en el plebiscito, Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña (Centro Democrático): “estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca”. Según él, la campaña se hizo basada en mensajes de indignación compartidos, especialmente, en redes sociales y pensados para cada estrato social. Siguieron las recomendaciones de estrategas de Brasil y Panamá: “Dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación”. Lo que importaba era el fin, no los medios, sin medir las consecuencias que el resultado tuviese para el país; la maniobra tiene gran valor cuando los electores carecen de formación política, de autonomía e independencia y votan por quien digan “los que mandan”.
Cosa parecida sucede hoy, en momentos previos a la campaña y comicios de octubre: Cambio Radical, un partido moribundo y con un jefe oportunista, quien ha vivido del Estado durante muchos años, está haciendo circular en la televisión un video-propaganda, el cual es, verdaderamente, un ataque violento y frontal contra el partido de gobierno; en él utilizan los colores propios del Pacto Histórico y hacen alusión a expresiones propias del mismo; insisten en que todo lo que pasa es responsabilidad del gobierno actual, incluyendo el precio de los combustibles y la inflación. Mediante engaños, quieren que el elector se enoje y escoja como solución el voto por Cambio Radical. Así se acentúa la polarización política que vive el país y nos alejamos más de una convivencia política.
Muy peligrosos resultan quienes pretenden estimular el pesimismo en Colombia para sacar provecho electoral; ya es hora de asumir una posición política “limpia”, con límites éticos, evitando sacar provecho electorero al capitalizar la insatisfacción ciudadana. ¿Por qué desconocer los logros en vez de estimular el optimismo para posibilitar un ambiente que facilite el entendimiento? Este es indispensable para encontrar solución a nuestros problemas. Un partido político no se resucita destruyendo a otros y, por ende, al país.
Como decía mi abuela: “El odio es una tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás”.