martes 20 Ene 2026
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El tigre no es como lo pintan

21 septiembre 2023 4:19 am
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Aldemar Giraldo Hoyos

Estamos en campaña preelectoral, razón por la cual el paisaje rural y citadino han cambiado ostensiblemente: abundan las pintadas, las vallas publicitarias, los carteles políticos y las pancartas alusivas a movimientos y candidatos; se trata de una contaminación visual exagerada, como también, de una verdadera invasión del espacio público. Hay reglamentación al respecto, pero se hace caso omiso de la misma, según el “dueño” de los muñecos.

Quisiera referirme a la estética o “presentación” de las piezas publicitarias o propagandísticas; me inclino más por las últimas, pues su objetivo es instalar una “verdad”, mientras que las primeras buscan es vender un producto; propaganda viene de propagar que significa diseminar y reproducir, en este caso, un sistema de ideas.

Para no enredar la pita, voy al grano: me di a la tarea de mirar, a mi manera, los carteles políticos en mi ciudad y en un municipio cercano; muchos fueron elaborados en cualquier garaje, abandonando la estética y la creatividad necesarias para estas lides; parecen más avisos de frutería de barrio o pintadas para promover un circo que ha llegado al pueblo. Siendo los carteles políticos los grandes protagonistas en cada campaña, ellos reflejan la situación económica y organizativa de los grupos o partidos en contienda; al mirarlos, uno trata de adivinar quiénes están detrás y la respuesta salta a la vista.

Aquellos pertenecientes a candidatos o partidos “de caché” dejan entrever la inversión, pero no, necesariamente, el objetivo que persiguen con la pieza, a pesar del interés por la iluminación, el retoque fotográfico, la sonrisa fingida, la postura de las manos del o la candidata, de los colores de los logos, etc. Como entre cielo y tierra no hay nada oculto, conozco a muchos de los fotografiados y no son tan lindos como aparecen, sus dientes no son tan parejos y la tersura de la piel dista mucho; en pocas palabras, abundan sonrisas forzadas y se abusa del Photoshop.

Al mirar los tres elementos que deben guardar estrecha relación: el candidato, el partido y el mensaje, uno queda mirando para el monte; todos son bellos, inteligentes, alegres y tienen mirada de honestos; los partidos tienen muy poco protagonismo en las cartulinas, posiblemente, por la historia que arrastran y si nos atenemos a los mensajes y slogans, nuestro departamento y nuestros municipios darán el verdadero salto que esperan desde hace más de dos siglos, mejor dicho será el espacio soñado en todo el mundo y los demás terrícolas se van a trastear para acá.

Me da tristeza ver algunos cariacontecidos y con faz de santos, pero con un pasado escabroso; otros, disfrazados con atuendos que ni conocen con el solo objetivo de cazar incautos, esto sin olvidar las poses que invitan a la risa, cual pensadores de Rodin, intelectuales griegos, sabios globales, Demóstenes alborotado, Galán enfurecido, misionero cautivador, soñador perplejo, etc.

Pero, el gato no es como lo pintan, detrás de él hay algo más; esto es lo que ocurre con “trampantojo”, que significa la trampa o ilusión con que se engaña a alguien, haciéndole ver lo que no es; los políticos saben mucho de esto; antes de asumir ese oficio es necesario aprender a mentir. Como decía mi abuelo Neruda: “Usted es libre para hacer sus elecciones, pero es prisionero de las consecuencias”.

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