El día que la decisión favoreció al burro

18 junio 2024 12:10 am

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Armando Rodríguez Jaramillo

Las fábulas siempre me han parecido fascinantes, no en vano la RAE las define como un «breve relato ficticio, en prosa o verso, con intención didáctica o crítica frecuentemente manifestada en una moraleja final, y en el que pueden intervenir personas, animales y otros seres animados o inanimados», lo que las hace portadoras de lecciones y enseñanzas.

A pesar del paso de los años, aún disfruto con autores como Esopo, Monterroso, Pombo, Iriarte y otros más, cuyas fábulas contienen mensajes de sabiduría intemporal, como la del «tigre y el burro», de autor desconocido, que invita a reflexionar sobre el tiempo que se dilapida cuando nos enfrascamos en discusiones sin importancia. Esta fábula reza:

En la espesura de la selva, se encontraron un burro y un tigre.

El burro le dijo al tigre: —El pasto es azul.

El tigre respondió: —No, el pasto es verde.

La discusión se fue calentando hasta que, finalmente, los dos decidieron someterlo a un juicio. Para ello acudieron ante el león, el Rey de la Selva.

Antes de llegar al trono del león, el burro gritó: —Su Alteza, ¿no es cierto que el pasto es azul?

El león respondió: —Por supuesto. El pasto es azul.

El burro dijo rápidamente: —Pues el tigre me dice que no, y no cede. Me contradice y molesta. Por favor, ponle un castigo para que me deje en paz.

El rey entonces declaró: —Es justo. Ordeno que el tigre sea castigado con cinco años de silencio.

El burro siguió su camino, alegre, mientras iba repitiendo: —El pasto es azul… El tigre es tonto…

El tigre, confundido, preguntó al león: —Su Majestad, no entiendo… ¿por qué me ha castigado? Todo el mundo sabe que el pasto es verde.

El león respondió: —Claro que el pasto es verde. Pero tu castigo no tiene nada que ver con la pregunta de si el pasto es azul o verde. El castigo se debe a que no es posible que una criatura tan valiente e inteligente como tú pierda el tiempo discutiendo con un burro, y para colmo, encima venga a molestarme a mí con esa pregunta.

Todos alguna vez nos hemos enfrascados en discusiones irrelevantes, sin fundamento, con personas cuyos egos no les permiten ver más allá. El ego es un exceso de autoestima, de culto, adoración o amor excesivo de uno mismo, que conduce a querer ser el centro de atención, por lo que aquellos que los sufren producen efectos adversos y negativos en los demás. Con ellos el tiempo se dilapida y las energías se dispersan inexorablemente. Pero esto también acontece cuando se discute con necios y fanáticos que exponen argumentos con apariencia de validez soportados en premisas falsas con el propósito de asentar sus puntos de vista. A estos individuos no les importa la verdad ni la realidad, solo buscan imponer sus creencias y propósitos.

Así que no hay razón alguna para perder tiempo con ególatras, necios y fanáticos, porque por más evidencias y pruebas que se les presenten, o bien no están en capacidad de comprenderlas o están cegados por el ego, el odio y el resentimiento, pues lo único que desean es poseer la razón, aunque no la tengan.

Por tanto, en la decisión del León de castigar al tigre a cinco años de silencio está la moraleja, puesto que, cuando nos enfrentamos a personas similares al burro de la fábula, las opciones más inteligentes son: permanecer en silencio o darle la razón al burro y seguir nuestro camino. De ahí que en la vida hay que saber elegir las batallas que se deben librar, y no desgastarnos en trifulcas inútiles que poco o nada representan, por más que se tengan argumentos veraces, pues: ¿para qué perder el tiempo discutiendo con personas que buscan tener la razón en vez de la verdad?

Hay una frase, atribuida a Sócrates, a manera de conclusión de la fábula en cuestión: «Cuando la ignorancia grita, la inteligencia calla. Tu paz y tranquilidad valen más».

Armando Rodríguez Jaramillo Correo: [email protected]  /  X: @ArmandoQuindio  /  Blog: www.quindiopolis.co

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