Gilberto Zaraza Arcila
El sistema electoral colombiano perdió credibilidad y confianza porque no hay transparencia, imparcialidad, garantías, ni respeto por las decisiones de los electores. Las falencias son numerosas y reiterativas: Mal diseño deliberado de las actas de escrutinio, para que los votos por el Pacto Histórico (PH) pasaran desapercibidos. Improvisación en la renovación de jurados y en su capacitación. Negligencia en el proceso tecnológico. Problemas en la inscripción de cedulas. Cambios inconsultos de mesa de votación para los electores. Personas que no pudieron votar, porque alguien los suplantó. Adulteración de las cifras de los formularios E-14. Censo electoral inflado con personas fallecidas para favorecer el voto de los muertos. Violación de los topes electorales en materia de financiación de campañas. Jurados de mesa parcializados en contra de Petro, como Suani Bessudo. Software manipulado aleatoriamente para impedir cargar los votos del PH, etc.
Apenas terminan las elecciones con recurrente mitomanía, el gobierno y el Registrador Nacional salen a decir hipócritamente que triunfó la democracia, que la jornada transcurrió con total transparencia. Cuando los hechos demuestran que el triunfo fue del fraude, de la participación indebida del presidente, gobernadores y alcaldes, que fungen como jefes de debate de sus candidatos. De la excesiva contratación para amarrar votos. De la abierta y generalizada compraventa de votos. Que la Fiscalía, ni la Procuraduría investigan, porque son de bolsillo del régimen de componendas y complicidades.
El Consejo Nacional Electoral (CNE) conformado por 9 magistrados, el Registrador Nacional, los delegados departamentales y registradores municipales, son elegidos por el gobierno y los partidos políticos tradicionales. Son fichas políticas para favorecer sus intereses y para no investigar la violación de las normas electorales en que incurren frecuentemente los caciques políticos. El soberbio registrador Alexander Vega, a quien lo premiaron con ese puesto por haber archivado como magistrado del CNE, las investigaciones por financiación ilegal de Odebrecht a las campañas de Zuluaga y Santos; de manera cínica advirtió, que quien considerara que no tenía garantías, no se debía presentar.
El fraude electoral es una inveterada práctica. Se presentó en 1970 cuando le robaron las elecciones a Gustavo Rojas Pinilla. En 1994 con dineros del Cartel de narcotraficantes de Cali eligieron a Ernesto Samper. En el 2002 con el constreñimiento electoral confesado por los paramilitares, se eligió a Álvaro Uribe. En el 2006 con el cohecho de la reelección de Uribe. En el 2014 con dineros de la multinacional Odebrecht a Oscar Iván Zuluaga y la elección de Juan Manuel Santos. Y en el 2018 con dineros del narcotraficante “Ñeñé” Hernández y del empresario venezolano Oswaldo Cisneros, fue elegido el títere Iván Duque.
Esta práctica perversa no solo ocurre en las elecciones presidenciales, también en las elecciones para el Congreso, con el apoyo y financiación de narcotraficantes y paramilitares. Hechos que están bien documentados en los libros ”Así se roban las elecciones en Colombia” de Gustavo Bolívar. Y en “Herederos del mal” clanes, mafias y mermelada, de León Valencia y Ariel Avila.
Para confirmarlo, se volvió a presentar en las elecciones del pasado 13 de marzo. Gracias al equipo de abogados y de miles de testigos electorales, se pudo establecer que le hicieron un fraude monumental al Pacto Histórico (PH); al parecer preparado previamente para perjudicar a los movimientos progresistas, e impedir que lograran las mayorías en el poder legislativo.
Solo en 52.000 mesas donde había testigos electorales del PH, se pudo demostrar que 29.425 mesas fueron reportadas con 0 votos. Al hacer el reconteo se encontraron cerca de 400.000 votos que le dan derecho a 3 o 4 curules más en el senado. De acuerdo con la votación promedio por mesa del PH para el Congreso de 21.4 votos, debieran aparecer 630.000 votos, que le darían 5 curules mas en el senado. Si hubieran existido testigos electorales en las 60.000 mesas restantes, se habría descubierto algo similar, y el PH, tendría derecho en total a 8 0 9 senadores mas. Lo mismo puede ocurrir en el reconteo para Cámara.
Por el contrario, se encontraron 23.072 mesas que podrían ser el doble; donde se le contabilizaron doblemente los votos a los partidos tradicionales, al sumarles un voto por el partido y otro por el candidato. Es claro que el sistema lo prepararon para quitarle votos al PH y aumentarle los votos a los partidos tradicionales.
Como el ladrón juzga por su condición, dicen que el fraude es a favor de Petro que no maneja la RegistradurÍa, ni el CNE, ni suspendió la ley de garantías electorales, ni maneja la contratación en el país. Quien sí lo hizo, fue el gobierno nacional que aceitó las maquinarias clientelistas compravotos a favor de los partidos de la coalición de gobierno, con 52 billones de pesos en contratación.
Y el ilegitimo presidente Duque, que no convocó la Comisión Nacional de Garantías Electorales para investigar el fraude que permitió su elección; ahora si lo convoca, ante los reclamos de su jefe y dueño del partido de gobierno ”Centro Democrático”, de desconocer los resultados electorales, porque sospecha que hubo fraude a favor del PH. Como para Ripley el gobierno se hizo un autofraude.
Es tan poco garantista la Organización y el sistema electoral colombiano que desde principios del siglo pasado el conservador Miguel Antonio Caro, sentenció que “el que escruta elige”. Lo que fue reiterado por el sacerdote Camilo Torres. Por eso, con razón la sorna de los colombianos que dicen que, “la Registraduría ya tiene los resultados, solo falta que se realicen las elecciones”.
Para tener unas elecciones confiables, es indispensable despolitizar la elección de magistrados del CNE y de los registradores. Implantar el voto obligatorio para acabar con la abstención. El voto electrónico y la identificación biométrica que ya fueron aprobados mediante ley, que no se ha cumplido. Y aprobar la financiación estatal de las campañas.
Como no hay garantías electorales, los colombianos debemos exigir un registrador ad-hoc para las próximas elecciones. Y comprometernos a servir de testigos electorales para conformar un colectivo de 112,000 testigos bien capacitados, uno en cada mesa, que le tomen al final del preconteo la foto al tarjetón E-14 firmado por los jurados y enviarla virtualmente a la campaña de Petro. Los interesados deben inscribirse en www.colombiahumana.com. Para tener las pruebas y poder hacer las reclamaciones correspondientes.