La generación mutante

23 abril 2022 10:49 pm

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Por: Antony García

La literatura es experiencia y no conocimiento del mundo. Platón practicaba gimnasia; Frederic Nietzsche era caminante; Ernest Hemingway boxeaba, John Steinbeck era luchador; Albert Camus portero de fútbol; Haruki Murakami maratonista. Todos ellos tienen algo en común: nadan a contracorriente de las actividades que se presupone realiza un intelectual. La deconstrucción de esta figura es resultado del trabajo crítico. En Colombia, una generación de escritores nacida a finales del siglo XX y comienzos del XXI, nombrada por Orlando Mejía Rivera -médico y escritor bogotano- como “Generación Mutante” jugó el mismo papel.

¿Qué tiene de nuevo una generación si todas repiten la misma voluntad de borrar a las demás? Lo que tiene de nuevo es el procedimiento y los elementos constitutivos que dan pie a la reconstrucción de sentido. Los temas son los mismos, pero el tratamiento de estos, el proceso al que son sometidos a través del lenguaje, es distinto.

La generación mutante se gestó a través de los medios de comunicación masiva y los avances técnicos. El término mutante se refiere a la transformación del intelectual en la época de la tecnología. La figura del escritor maldito es sustituida por los “nerds chéveres”, individuos inteligentísimos que, además de escribir novelas y cuentos, practican la medicina, son ingenieros, arquitectos, músicos, bailarines. Es una comunidad discursiva que se narra desde una perspectiva cosmopolita producto de la globalización, lo cual genera desarraigo frente a los tradicionalismos del territorio nacional, además de la sensación de no pertenecer a un lugar. La patria ya no es el sitio en donde se vive físicamente, la patria es el lenguaje.

Las obras producidas por esta generación nadan en contracorriente de la perspectiva literaria instaurada por el boom latinoamericano. Hay una remitologización de temáticas universales y revisión del pasado. Se eliminan los límites supeditados por el lugar de origen. El punto sensible de la cuestión es: lo que se escribe y no quién lo escribe. Además de esto aparece una hibridación de la cultura popular y lo urbano. Se narra la ciudad de la época moderna: tráfico, velocidad, consumo. Los protagonistas pertenecen a la cultura popular, la cual lucha contra las vicisitudes de la edad moderna representada por personajes marginales y sin importancia colectiva: el campesino, el sicario, el trabajador de callcenter, el ladrón, entre otros.

El trabajo literario de esta generación representa una nueva propuesta en la narrativa colombiana, sin embargo, sus obras circulan en pequeños grupos de lectores a través de la publicación de tirajes muy cortos. La eterna tensión entre obras canónicas y obras emergentes afecta una generación de escritores que trata de estar en sintonía con el vertiginoso movimiento de la edad moderna. Sus obras se mantienen en la marginalidad, lejos del público general y las grandes editoriales. En el libro “La generación mutante: nuevos narradores colombianos”, Mejía Rivera menciona algunos: Julio César Londoño, Rigoberto Gil Montoya, Octavio Escobar Giraldo, Philip Potdevin, entre otros. Todos mantienen el equilibrio entre la experiencia vital y sus búsquedas intelectuales.

 

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