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Una pausa

28 abril 2022 5:48 pm
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Por ROBERTO ESTEFAN CHEHAB                    

En la cotidianidad muchos momentos dejan de ser percibidos como agradables, enriquecedores, positivos, no porque realmente carezcan de una carga de aprendizaje y posibilidades de goce: la actitud respecto a nosotros mismos y lo que en determinado momento enmarcan nuestra realidad es determinante en la manera de desempeñarnos en el presente, de tal forma que si miramos el día de hoy como algo aburrido estaremos restando la posibilidad de entender que eso es lo que hoy tenemos y adecuarlo, situándonos, podría irradiar una mejor energía. Eso nadie nos lo prodiga al tratarse de una circunstancia íntima seguramente determinada por aprendizajes de antaño en la historia de cada ser. La buena noticia es la posibilidad de desaprender muchas cosas, a través de la reflexión y el deseo de ser y estar cada día mejor con uno mismo. No es una buena excusa argumentarse, a sí mismo, con quejas, reclamos y dolores del pasado, por difíciles que hayan sido las experiencias y la razón de eso radica en que lo pasado ya no debería constituirse en un grillete sujetado a una cadena que impida avanzar hacia un después, un mañana, una nueva opción en todo sentido. Y, eso debe ser motivo de profunda reflexión individual. La vida no es estática, pero quien la vive se puede paralizar, momificar y volverla una especie de automatismo sin sentido. Miles de personas reaccionan tras sufrir una crisis, una perdida, un fracaso, un dolor que sacude: ¿es necesario esperar a que algo así llegue? Yo creo que no. En nuestras opciones está siempre presente la posibilidad de hacer un examen de conciencia, una mirada hacia adentro un escudriño íntimo y propio, un balance y volverlo costumbre, de tal forma que siempre tengamos el control sobre los pensamientos, las tendencias y el camino. Montarse a un bus puede ser un paseo distinto al de ayer, aunque la ruta sea la misma; agradecer el trabajo que hoy desempeñamos, interactuar con otras personas regalándole una sonrisa a ese momento, tomar el alimento o posar la cabeza en la almohada del hoy puede sentirse como algo positivo y reconfortante si traemos a nuestra conciencia la bendición que esas pequeñas cosas significan. Cuidar a un ser querido que nos necesita, es un momento edificante y no un castigo ni una pesadilla, son maneras de asumir lo que hoy se tiene, dar, compartir y aprender de ello sabiendo que siempre hay un amanecer y nada está congelado mientras haya calor en el alma. Luchar por algo valioso, intentar rescatarlo, con mesura y lógica y sin culpas y no irse por el camino fácil; tener la tranquilidad de la honestidad en los procesos aun cuando el resultado no sea el que deseábamos – pero se intentó – son asuntos que generan paz y fortalecen al espíritu para continuar con el trasegar. Hay que amarse, consentirse, tratarse bien, cuidarse, compartir y aportar lo mejor que salga del alma: Así como se aprende a vivir sin brillo, sin ilusión, con pesimismo, así mismo se puede trabajar para desaprender y dar una nueva visión a la existencia. Ser feliz es más fácil que enredarse en sentimientos temerosos y negativos, no perder la independencia interior significa libertad de verdad porque lo que se tiene como esencia nunca dejará de producir nuevos sueños, nueva esperanza, decisiones adecuadas, lo cual es un escudo para la autoestima que desde cualquier esquina ajena puede ser atacada pero no doblegada. Todo lo de afuera va y viene, hoy se tiene y mañana no se sabe, pero la riqueza está en lo que uno construye adentro y riega cada día con amor propio, optimismo y honestidad. La humildad no significa debilidad, el respeto implica firmeza sabiendo que el timón y su manejo es responsabilidad personal e indelegable. Lo demás paso.

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