Juan Fernández Cerón
La filósofa española Adela Cortina cree que la ausencia de valores éticos que atraviesa la sociedad contemporánea ha influido de manera determinante en la crisis que vive el mundo actual. Recuerda la lección de aquel jefe indígena que contaba a sus nietos cómo en las personas hay dos lobos, el del resentimiento, la mentira y la maldad y el de la bondad, la alegría y la misericordia. Uno de los niños que lo escuchaba le preguntó: abuelo, y ¿cuál de los lobos crees que ganará? El que alimentéis, le contestó el anciano sabio
Un maestro visitó una de las escuelas donde se encontraban reunidos: expertos y administradores educativos.
En su intervención, algo le llamó la atención: los presentes no se atrevían a dar un modelo de clase, a un grupo de estudiantes en un completo desorden; el cuadro era terrible.
Aterrado con la situación dice:
– Con permiso, soy maestro, ¿puedo participar?
– Estamos preocupados señor, ninguno se decide qué hacer con estos niños y niñas. No hay libros, no hay material didáctico, no hay video, no hay computadores, sólo hay tablero y pupitres en mal estado, nada diferente, para trabajar con estos niños y niñas para calmarlos.
El maestro vio una hoja en el escritorio, la tomó para iniciar su clase con los niños y niñas:
– ¿Qué es esto, dijo?
– Una hoja – respondieron los niños y niñas
– ¿Para qué sirve?
– Para escribir y dibujar
– Muy Bien, ¿de dónde sale el papel?
– "De la madera responden y se la transforma en papel
-Del sobrante de la caña de azúcar… dijo otro. "De un árbol”…."De la madera" – Respondían animosos los niños y niñas.
– ¿Y qué se puede hacer con madera, también? Pregunta el maestro.-
-mesas, pupitres, tableros, buques, carrocerías para carros. Todos quieren dar su respuesta
– ¿Un buque dijeron?, quien lo quiere dibujar en el tablero, los otros lo hacen en su cuaderno
Todos querían hacerlo
- Hagamos un mapa de un país donde haya un puerto para ubicar el buque
¿Quién hace un mapa en el tablero y colocamos el buque en un puerto?
– Varios de ellos lo querían hacer. El maestro seguía cuestionando, no daba respuestas:
– ¿El mapa a que país representa?
– ¿A qué departamento o estado del país pertenece?
¿Qué otros puertos tiene y cuál es el más cercano a la ubicación del buque?
¿A qué distancia están?
¿A qué país corresponde?…
¿Qué escritor nació en esa región?
¿Qué libros ha escrito?
- es el medio económico de esta región y del país?….
¿Con qué clase de música se identifica?
De inmediato la clase se convirtió en un tratado de geografía, de historia, de música, economía, literatura, religión, matemáticas, ética, etc.
Los asistentes quedaron impresionados. Al terminar la clase le dicen que están asombrados:
– Señor, nunca olvidaremos lo que nos enseñó hoy…..Muchas gracias.
Pasó el tiempo. El maestro volvió a la escuela y encontró al selecto grupo tratando de hacer el ejercicio….
Estaban dialogando atrás de su escritorio y los estudiantes otra vez en total desorden.
.- Señores, ¿Qué pasó?…. ¿Me recuerdan?
– Claro, señor; ¡Cómo olvidarlo!…..Qué suerte que regresó; no encontramos la hoja ¿Usted se la llevó? (A. D.)
Pareciera que la mayoría de sistemas educativos buscan, es seguir sembrando la ignorancia, obediente, incapaz, antes que propiciar el interés por el ser, el conocimiento y la capacidad del aprendizaje en las personas
Cuando el maestro no tiene vocación o alma de maestro, nunca encontrará el papel.
Y cuando no se tiene vocación y alma de maestro, nunca se encontrará qué hacer. Siempre se quejará, que los maestros son perezosos, que la educación antes era mejor, que ya no hay personas que quieran ser maestros de vocación, que los demás no colaboran, que los esquemas que orientan son poco aplicables a la praxis, que los logros, que los desempeños, que las competencias, que los objetivos, que los decretos, pero cómodamente instalados en la posición de criticones de lo que hacen los demás, pero sin la entereza de tomar las riendas de la situación y cambiar lo que creen que no está bien. Desde adentro, no desde afuera, metidos en el barro, no desde las oficinas.
Cuando se es maestro no se necesita del papel, se necesita pedagogía, investigación, amor, confianza en nuestro saber, compromiso de cambio, libre de recetas descontextualizadas y rígidas, de esquematizaciones y adoctrinamientos. Cuando se crea en los maestros y su creatividad, llegará la tan cacareada calidad educativa, que nunca llega a las escuelas, se queda en los escritorios de la burocracia como simple información, haciendo creer que calidad es construir aulas, pintar paredes o hacer simulacros para las pruebas saber.
Calidad significa: progreso, cambio, trasformación personal, social, científica, tecnológica, formadora de pueblos y familias educadoras que serán la fuente de riqueza de los pueblos, más fuerte que el dinero, lo material, etc., lo otro son simples recursos necesarios, donde se fomenta y aplica la corrupción
El investigador pedagogo sustituye el aula por la calle, la ciudad, la naturaleza, las pandillas, problemas y conflictos e integrarlos a los procesos de construir seres humanos y sociedades de calidad, con un actuar interactuante, innovador creativo que formen seres humanos con amor, felicidad, civilizados y con un aprendizaje formativo de calidad.
El problema no es solo el de hacer paredes sin arquitectura pedagógica y para el ICFES, sino, de formar talentos, futura riqueza de los pueblos, de seres humanos impulsores de conocimiento, hacia el progreso científico, tecnológico, respetuosos, tolerantes, con actitud y con ganas de triunfar para vivir en comunidad, creadores de ciencia, tecnología, cultura, de talleres y empresas en su entorno.
Una sociedad, una escuela, un currículo de calidad debe buscar soluciones a los desafíos científicos, pedagógicos, tecnológicos y sobre todo, a la formación integral del ser humano, mejorando su calidad de vida, la convivencia en paz, la participación ciudadana.
Hay que re-conceptualizar y re-contextualizar el sentido de formar personas y sus implicaciones en el desarrollo humano, político, cultural y social en su formación integral de saberes, el desarrollo de competencias reales, humanas y la cultura de una región, exigiendo, desde su propuesta formativa, más que gestión administrativa, una estricta gestión de investigación pedagógica, no quedarse en la sola práctica, sino pasar de la práctica a la experiencia, para que cumpla lo que social y culturalmente se espera de ella, como proyecto cultural al servicio del desarrollo humano.
“La principal obra de arte del ser humano, debe ser su propia vida” Un saber crítico reflexivo que busca sentido, fundamentación, argumentación nos abre caminos para repensar el problema de la investigación pedagógica y, por consiguiente, el saber pedagógico para pasar de ser reproductor a creador de pedagogía.
El concepto de ofrecer capacitación por capacitación, sin sentido de pertenencia, no tiene sentido.
El amor a algo se logra a través de la experiencia, pasando por los obstáculos y de esta forma relacionarse con lo que se está aprendiendo. Solo es posible contribuir a las interactuaciones críticas, cuando se sienten las experiencias vividas y sistematizadas
Con una formación desde el ser y para el ser, nuestros pueblos, no serán reconocidos con índices de violencia intrafamiliar, de suicidios, de drogadicción, de sida, de estudiantes armados en los colegios, de pobreza, de embarazos prematuros, de prostitución, desempleo, sino, como escuela formadora de personalidades con talento, creadoras e innovadoras.
En campaña los gobernantes, hablan de salud, de educación, pero ellos no conocen las escuelas públicas, menos los estudiantes y menos a los maestros en sus funciones, sacrificios y persecuciones de los padres de familia, de los mismos estudiantes y de la gran burocracia que reina en las instituciones, que han convertido las escuelas en esquemas, con programas recargados y descontextualizados que obligan a terminar forzadamente el curso, en cuadros estadísticos, en maestros llenando cuadros y cuadros, es decir, se han convertido en círculos cerrados. Estamos enseñando, pero nos falta educar, se puede muy fácilmente instruir sin educar, hay que enseñar y educar para progresar. La escuela sola no lo puede hacer, necesita la escuela de la familia, la escuela de la sociedad, las administraciones gubernamentales, los medios, como dice el proverbio africano: “PARA EDUCAR A UN NIÑO HACE FALTA LA TRIBU ENTERA”.
El quehacer del investigador pedagógico, nos coloca frente a un saber crítico- práctico, en el cual deben reconocerse las tensiones y los conflictos que se le presenta en la lógica del descubrimiento y salir de la lógica de la repetición y la memorización.
Esto lleva al pedagogo, a tener que mirar su práctica y clarificar sus propios procesos, encuentra que debe tener una comprensión de los contextos donde actúa, para establecer en la práctica pedagógica toda la mirada en la cual está implicado en aquello que observa. Esto va a determinar una particular manera de establecer la actividad investigativa sobre su práctica innovadora y decide pensar la problemática, como la resuelve, se hace preguntas sobre el proceso para organizar propuestas, las contrasta como propias, plantea caminos de solución y seguir preguntado para saber más, convirtiendo el quehacer pedagógico en un laboratorio vivo, aplicando procedimientos para reconocer en su práctica un quehacer investigativo con sentido creador, que lo lleva a sistematizarlo, que lo convierte en productor de saber pedagógico al pasar de la práctica a la experiencia
Por ello, el vivir pedagógico, se configura como una apuesta por nuevos procesos de formación de ser maestro y hacer escuela a partir del reconocimiento de las prácticas, pero también, de reconocimiento de la diferencia, como oportunidad para la elaboración de lo propio y lo ajeno como experiencia. Se reconoce, además, un desplazamiento del pensamiento que lo lleva a producir saber, inaugurando la emergencia de las geopedagogías.
Pedagogos que creen en sí mismos, en su formación entre pares, que buscan a diario una identidad digna de ser, que propician acercamientos con su comunidad, que creen y trabajan por una nueva etapa de la historia de la educación y la pedagogía, pues están convencidos que no es posible pensarla en abstracto sin un referente territorial, cultural, ético, de género y por supuesto social
Al ver las prácticas y tener que pensarlas, analizarlas, emerge otro sujeto más allá del practicante activista, que al mirarse a sí mismo, reconoce que no sólo hace lo que se le manda, sino cosas diferentes a las que debe hacer, por ello, se ve en la necesidad de pensarse de otro modo, porque habla de su quehacer y de la novedad de cómo lo hace y no de lo que repite. Es decir, la práctica se convierte no sólo en una acción mecánica, sino en una dinámica creativa visible en los modos de actuación y pensamiento.
Encuentra que su vida no sólo tiene un sentido: enseñar, sino que en la novedad de su práctica, construye la capacidad de relacionarse con otros. Se da cuenta que puede aprender de su práctica y con otros, en una posibilidad de hacer de ésta una organización que le da sentido y potencia su quehacer.
Encuentra que cuando lo hace recrea un vivir permanentemente lleno de procesos y actividades, las cuales deben ser visibles, que se vea obligado a enunciar lo vivido a través de un constructo mediante el cual argumenta aquello que hace y que existe en él permanentemente para darle sentido a su vida, aflora la experiencia como propia
Cuando el investigador pedagógico demuestra y aplica sus prácticas surge la experiencia. En ese paso de práctica-experiencia lo que se nos propicia es nuestra condición de ser capaces de comprensión de nosotros mismos. Por ello, la experiencia corresponde a la comprensión del vivir y del convivir a través del quehacer pedagógico.
Si la práctica se quedara solo en la práctica, no necesitaría argumentaciones que den cuenta del quehacer pedagógico. Va a ser la experiencia la que nos da un nivel de aplicación y de complejidad, ya que me explicita la práctica, así, algunos desde otras formas de conocer, la subvaloren y la consideren poco importante. Cuando aceptamos y reconocemos que ella es importante, nos cambia la forma de la práctica, queda indisolublemente ligada a la experiencia, iniciándonos como productores de saber pedagógico y de ser social.