Un amigo que se va

9 junio 2022 3:31 pm

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Roberto Estefan Chehab         

Es difícil aceptar la muerte de un amigo. Muy difícil. El viaje sin regreso, el silencio, la ausencia duelen mucho cuando se trata de alguien que ha caminado cerca, con momentos de alegría y también de amargura; cuando la buena charla no solo ha sido lúdica, también profunda y respetuosa, cuando la sonrisa y el abrazo no faltaron a pesar de la distancia, cuando al emprender un proyecto educativo, una misión común en beneficio de las nuevas generaciones en formación médica, primó siempre la generosidad, el tesón, el compromiso sin una sola gota de egoísmo; solo esplendidez, satisfacción y entrega fructífera.  En el desacuerdo jamás hubo una falta de respeto, mas bien la riqueza de un interesante coloquio, en el que siempre primaba el aprendizaje y un crecimiento, no solo interior: también de la admiración y la consideración mutua, al calor de una copa y el chispear de una chimenea que complementaba el tranquilo ambiente del compartir fraterno. Recuerdos que la nostalgia se encargará de perpetuar cuando ya no haya respuesta a la llamada, porque se cumplió con el periplo y, se abandonó este plano material en el que, por ahora seguimos quienes no hemos sido llamados a ser parte del próximo e inexorable destino. Momentos de reflexión profunda siguen después de aceptar que aumenta la soledad a la que, parece estamos condenados a medida que la vida va dando campanazos de alerta: los años, la edad, el tiempo avanzan para todos y cada momento nos va quedando menos, cada instante se torna mas valioso el regalo de seguir respirando el aire y gozando de la plenitud que solo la naturaleza puede prodigarnos con los colores, los aromas, el canto de los pajaritos que acompañan el tintico matinal; es que cada vez necesitamos menos cosas perecederas, superfluas, banales: lo que no se compra nunca es el tiempo que tenemos al lado de las personas que amamos y nos aman: la familia, los verdaderos amigos, los seres que conservan y siempre cuidan el valor del cariño y la lealtad, a pesar de cualquier circunstancia; los que siempre están presentes y dispuestos: con los que crecemos y envejecemos cada día sabiendo llegará el momento de separarnos, por la voluntad de nuestro Dios que nos juntó: gran alivio si se tiene a un verdadero amigo, así sea que algún día pase a ser un recuerdo  en el inventario de las mejoras cosas de nuestra existencia. Así sea que muera primero que nosotros: la evocación de su afecto incondicional, porque no riñe con los valores y principios, será siempre un motivo para dar gracias. Hoy despedí a un amigo de verdad, al profesor, al médico, al señor a carta cabal. Alberto Palacios. Quizás su nombre no le diga nada a mis apreciados lectores y, sin embargo, abusando de su amabilidad al leerme, quise dedicar esta reflexión en su nombre pues, estoy seguro que muchos traeremos a la conciencia el nombre de alguien, que como él, ha tocado sus corazones. Podemos creer que estamos preparados para la realidad de la muerte como consecuencia natural del ciclo de vivir y, sin embargo, no es tan cierto creer que tenemos un caparazón contra la tristeza de un adiós. Lo cierto es que serena mucho al alma cuando se ha sido coherente, sincero y amoroso; cuando siempre primó la calidad, sin importar las diferencias lógicas que surgen entre dos seres distintos, con criterio y carácter: eso lo torna mas confiable, mas valioso, mas humano, mas grande. Hoy vale hacer un alto, los invito a revisar: ¿Cuánto hace que no veo a un buen amigo, o a mis padres o hermanos, o a quienes son personas “cercanas” y queridas ?,¿cuánto hace que no comparto con ellos por procrastinar creyendo que queda mucho tiempo? Y ¿por qué pasa eso?, ¿una discusión sin importancia o una actitud arrogante, prevenciones absurdas? ¿falta de humildad? ¿o por estar obnubilado ante algo que no es significativo? La vida solo es hoy, lo demás o ya se fue o es incierto pues no ha llegado y quizás nunca lo haga. [email protected]

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