El nombre del estadio

28 julio 2022 6:00 pm

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Por James Padilla Mottoa

Nada extraño en esta sociedad nuestra que se haya desatado una tormenta de críticas en torno a una iniciativa que no sé de dónde salió, referente al homenaje que se quiere hacer en vida al distinguido dirigente deportivo Gustavo Moreno Jaramillo, agregándole su nombre al del estadio Centenario.

Nada extraño por cuanto aquí no es terreno fértil para hacer reconocimientos a quienes han hecho cosas en favor del desarrollo general de la comarca.

No es mi intención sumar a esa controversia ni echar más combustible a esa hoguera que se encendió con la iniciativa que contó con el respaldo de la administración municipal. Gustavo Moreno ha reunido en su vida pública todos los merecimientos para este o el más elevado homenaje que se pudiera hacer por parte de sus conciudadanos. Quienes hemos tenido el privilegio de estar cerca de él en un periplo de vida, bastante extenso, por cierto, sabemos puntualmente cuáles han sido las realizaciones y los logros alcanzados por este gran caballero en lo que tiene que ver con la relevancia de nuestro terruño en el panorama deportivo nacional.

No obstante, en este caso específico, nunca hemos estado de acuerdo con la idea propuesta: no porque no la merezca tan distinguido servidor de la causa deportiva. Sí porque ello daría lugar, como en efecto ha sucedido, a todo tipo de reacciones en contra, respetables la mayoría, pero algunas con su carga de insultos e improperios que nunca puede merecer alguien de la estatura cívica y personal del hombre, quien por su enorme identidad en el campo deportivo nacional e internacional, pudo traer a los escenarios quindianos una serie de certámenes que nos han permitido ser trascendentes en materia de organizadores o simples anfitriones en este tipo de compromisos.

Qué necesidad había para desencadenar una cascada de críticas y bilis sobre una persona que, estoy muy seguro, nunca ha reclamado nada en lo referente a homenajes o reconocimientos. Su conciencia y capacidad en el imperativo de servir a sus gentes, sumado todo ello a su orgullo personal, no le permitirían verse abocado a la picota pública en la que lo han colocado sus detractores, gracias a la oportunidad que ahora se les ha brindado.

Hemos coincidido casi siempre con Gustavo en los aspectos inherentes al deporte quindiano, más allá de las diferencias que pudiéramos tener en otros campos, en los que caminamos con aplomo y mucho respeto por el afecto que nos une. Por eso nos ha dolido en grado sumo las cosas que se han atrevido a decir por parte de aquellos que se han mostrado contrarios a la propuesta de agregar su nombre al del hermoso Jardín de América.

Como lo expresamos antes, debe respetarse totalmente las posiciones diversas que se tengan frente a este tipo de cosas. Pero una cosa es manifestarse contrario a caer en el abismo de insultar y reprobar sin fundamento a quien sólo ha tenido el afán y la decisión por el servicio a su propia tierra.

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