Por Sebastián Ramírez
Una de las reformas que pretende adelantar el nuevo gobierno es la del pago de horas nocturnas a los trabajadores que realicen funciones entre las 6:00 pm y las 6:00 am. La iniciativa revive un debate eterno entre los que defienden el bienestar de los trabajadores y los protegen el de las empresas. La situación presentada de esa manera lleva a que sea inevitable un conflicto por la contraposición de los intereses de las partes, en este caso los trabajadores defendiendo su derecho al tiempo libre y mejor remuneración y en el caso de los negocios luchando por su rentabilidad y sostenibilidad en el tiempo.
Tal vez la situación debiera plantearse en otros términos, no en una escena en que empleadores y empleados están enfrentados cada uno defendiendo sus intereses, sino, más bien, una en que se reconozca que la meta de las empresas y de sus colaboradores es la misma: generar la mayor cantidad de bienestar posible. Y, generar la mayor cantidad de bienestar posible, no solo debe medirse en la cantidad de ganancias generadas, sino también en como se reparten aquellas ganancias, es decir, a cuanta gente impacta esa generación de bienestar.
Un entrampamiento fruto de aquel paradigma en que los intereses de unos y otros se perciben como divergentes viene ocurriendo en Boca Juniors de Buenos Aires. El arquero Agustín Rossi, a quien en el mediano plazo le vencerá el contrato, pide once millones de dólares libres de impuestos por una renovación hasta el 2025. Boca, por su parte, ofreció once millones brutos, que restándoles los impuestos darían unos siete millones, por un contrato que finalice en el año 2026. La oferta del club, demasiado inferior a las pretensiones del jugador, le asignaría un sueldo anual de aproximadamente un millón setecientos cincuenta mil dólares. Para poner en perspectiva la dimensión de la oferta, David Ospina ganaba en Nápoles aproximadamente un millón cuatrocientos cincuenta mil dólares al año.
Los criterios de éxito de cada una de las partes -el club de un lado, y el arquero del otro-, llevaron a que no se pudiera generar un acuerdo. Finalmente, Boca terminó contratando al arquero mundialista Sergio Romero. Y, aunque es cuestión de opinión, parecería que el club salió altamente beneficiado y el jugador quedó muy perjudicado. Esos son los resultados lógicos del paradigma de negociación de los intereses antagónicos: habrá un ganador y un perdedor.
Si pretendemos tener un país diferente, en paz, deberíamos empezar por cambiar la forma en que entendemos el éxito, entender que los intereses de las partes, en apariencia divergentes, son, en el fondo, comunes. los clubes no son posibles sin jugadores y los jugadores no podrían vivir de su actividad sin la una infraestructura organizada, las empresas no son sin empleados y sin estas no hay empleo.
Twitter: @sebasramirez85