domingo 16 Ago 2026
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¿Cuál Historia?

20 agosto 2022 7:51 pm
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Guillermo Salazar Jiménez

 

Difícil reconocer que el injusto trato laboral de los trabajadores se transformó en una práctica histórica que aún no termina. Rusbel Caminante lo leyó en La Historia de Colombia de la investigadora Aline Helg y recordó, mientras deambulaba por las calles estrechas y empinadas de los pescadores en Oporto, desplazados poco a poco hace varios siglos de la orilla del rio Duero. Una Muralla oficial de piedra les negó la posibilidad de acceder directamente a la pesca, como sustento alimenticio y económico. Algo similar ocurrió con los trabajadores colombianos que fueron acorralados por las medidas salariales durante más de 30 años, pues desde 1917 “Los salarios reales de los trabajadores tanto urbanos como rurales disminuyeron constantemente hasta la mitad de los años de 1950”-página 279-.

Con Gonzalo Cataño en el prólogo de aquel libro, Rusbel Caminante estuvo de acuerdo que la historia de la educación colombiana tiene alto valor como fenómeno cultural si está relacionada con “la estratificación social, las formas de producción, las tensiones entre los grupos, las ideologías, las creencias y los conflictos alrededor del aparato del Estado”. Opinó que la falta de rigor para comprender que el objetivo del bien común y apoyar la solución de los problemas sociales, colocaba a la educación y maestros como actores secundarios. Rusbel Caminante criticó la forma como se enseñó nuestra historia cargada de anécdotas insulsas, hechos, fechas y personajes con descripciones descontextualizadas. Le comentó a Juana que tal crítica resultaría vana si la investigación sobre la nueva historia de Colombia no se continua a partir de 1958.

La doctora Helg marcó una noción histórica diferente a través de la investigación que cubrió el periodo 1917-1958, debería ser base para el currículo de los maestros encargados de aprender-enseñar sobre los porqués de los hechos que motivaron nuestros logros, con sus alegrías y desdichas. Juana, aquella amiga, continuó su intervención para desear lo que aquel anónimo, con razón escribió: “Para eso estudiamos la historia, para dejar de matarnos los unos a los otros”.

Rusbel Caminante creyó oportuno considerar la posibilidad que se dio a la educación para integrarnos, convertir a los docentes como agentes de cambio y construir una Colombia más justa y feliz, pero nuestra sociedad, desde los años 30, “no cesó de dividirse y fragmentarse, reforzando su pesimismo y su individualismo”. Conmovido por tal certeza, Rusbel Caminante pidió otro Oporto, en la orilla del rio Duero, mientras detallaba aquellos viejos y empedrados callejones adornados con casitas estrechas forradas en azulejos coloridos que le daban a la segunda ciudad de Portugal un aire de reservada nostalgia e histórica vitalidad. Tomó otro sorbo de aquel vino dulzón y pensó que al parecer nuestra historia se repite, Aline afirmó que “Los iletrados o los menos formados se enganchaban en la construcción y el trabajo doméstico. Muchos se debían contentar con pequeños empleos marginales, viviendo el día al día, a menudo en la calle y sin trabajo ni recursos”. Concluyó con Oscar Wilde: “El único deber que tenemos con la historia es reescribirla”.  

 

  

 

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