Lucimey Lima Pérez
Las parejas con relaciones disfuncionales no son pocas en las consultas psicoterapéuticas, imagino qué tanto ocurre con aquellos que no consultan. A lo largo de la historia el tratamiento de las alteraciones en la relación integral de la pareja ha tomado ciertos específicos rumbos. Sustancialmente me atrevo a decir que la Terapia Sistémica y sus enfoques son de utilidad a favor del bienestar mutuo y del resto de la familia nuclear.
No voy a agobiar con técnicas, aunque considero que las personas que inician un proceso de cambio por medios psicoterapéuticos quisieran saber de qué se trata.
El enfoque sistémico se fundamenta en principios elementales tales como la neutralidad, que es una técnica aprendida y preservada con el ejercicio; la circularidad, un movimiento de uno al otro y viceversa; y la formulación de hipótesis en base a lo presentado y observado, pero como lo indica el término, una hipótesis no es un dogma, puede ser acertada o rechazada, pero ayuda a escudriñar en conjunto los elementos de las discordias. No vale tanto el motivo del desencuentro, valen mucho las emociones que se expresen y las maneras de entenderlas, de solucionarlas.
Las parejas se han descrito como simétricas o complementarias. En el concepto general, las parejas simétricas tienen choques perennes y cada uno presenta gran dificultad en ceder ante el otro porque son semejantes, eternamente discutidores y ambos con la razón, no hay discusión constructiva o si fuera, es pobre. Sin embargo, la simetría podría ayudar en cuanto al acercamiento por gustos parecidos. Las parejas complementarias se acoplan porque tienen comportamientos distintos, puede que uno de los miembros sea ansioso y el otro favorezca la calma y el control, existe intercambio, balance y paz. Esto descrito tradicionalmente y no sin fundamento.
Sin embargo, las parejas complementarias pueden tener comportamientos muy disfuncionales, y me sustento en casos concretos de mi práctica clínica. Sucede que un miembro puede ser controlador en exceso y el otro se pliega con pesar a la supremacía del primero, luego la explosión sucede muchas veces, y el sufrimiento del sometido, así como el disgusto del controlador, que también sufre, constituyen elementos cruciales de desencuentros graves.
Reconocer simetría o complementariedad es el primer paso, el equilibrio puede obtenerse en ambos casos si se comprende “somos diferentes o somos distintos”. Existen diferencias sustentables y productivas, así como similitudes. Lo relevante es la motivación para el cambio funcional y el disfrute de la vida.
Psiquiatra, Psicoterapeuta, Neurocientífico
Investigador Titular Emérito del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC)
Especialista en Psicoterapia y Educador en CatholicCare, Hobart, Tasmania, Australia