Luis Alfonso Ramírez Hincapié *
El término comunicación se usa para designar el carácter específico de las relaciones humanas en cuanto son o pueden ser relaciones de participación recíproca o de comprensión. Viene a ser sinónimo de “coexistencia” o de “vida con los demás” e indica el conjunto de modos específicos que puede adoptar la convivencia humana, con tal de que se trate de modos “humanos”.
Los hombres forman una comunidad porque se comunican, esto es, porque pueden participar recíprocamente de sus modos de ser, que de tal manera adquieren nuevos e imprevisibles significados. Tal participación dice que una relación de comunicación no es un simple contacto físico o un encuentro de fuerzas. La relación entre el depredador y su presa, por ejemplo, no es una relación de comunicación, aun cuando a veces puede presentarse entre los hombres.
La importancia del concepto de comunicación en la filosofía se debe, entre otras razones, al reconocimiento de que las relaciones interhumanas implican la alteridad entre los hombres mismos y son relaciones posibles, y al reconocimiento de que tales relaciones no se agregan en un segundo momento a la realidad ya constituida entre las personas, sino que la constituyen como tal.
La comunicación es coexistencia, porque la coparticipación emotiva y la comprensión de los hombres entre sí, llega a constituir la realidad misma del hombre, el ser del “ser” ahí (Heidegger). Por comunicación en sentido general, hoy se entiende el conjunto de señales a través de un canal (la voz, la escritura), de un emisor a un receptor, un contexto y un contacto.
Mientras que, en las relaciones entre máquinas, la recepción del mensaje no suscita ningún problema, dado que el emisor y el receptor tienen siempre el mismo código, en la comunicación entre seres humanos, el código del emisor puede ser diferente al del receptor, lo cual acarrea incomprensión o diversas interpretaciones del mensaje. Además, en la comunicación entre hombres intervienen factores como el tiempo, el espacio, la cultura, o sea, contextos diversos que pueden dar lugar a diferentes comprensiones.
La mayor parte de las teorías de la comunicación, que toma en consideración un fenómeno típico de la actual sociedad industrializada – que son las comunicaciones masivas y sus medios – nacieron después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la televisión y luego las computadoras, invadieron el mundo de las comunicaciones. La cibernética o ciencia general de la comunicación fue inventada (1942) por el estadunidense N. Wiener quien afirmó que, si los canales de la comunicación se mantienen abiertos, habrá condiciones para la realización de una sociedad mejor.
La nueva utopía de las comunicaciones atañe tanto a una concepción diferente de la sociedad como a un nuevo modelo de hombre: la sociedad puede comprenderse solamente por medio del estudio de los mensajes y de los correspondientes medios de comunicación; el ser humano, a su vez, sólo puede comprenderse si se le considera como ser comunicante. El hombre que comunica resulta ser un hombre dirigido al exterior, los mensajes que recibe no provienen de su interioridad, sino de fuera. El “homo comunicans” es un ser sin interioridad.
El nuevo modelo de hombre después de aquella deflagración y de Auschwitz, requería ser una representación alternativa al hombre del humanismo, dirigido por sus impulsos internos; es el hombre de Nietzsche quien influyó de manera no indiferente en la cultura y en la historia de la primera mitad del siglo XX, el hombre fuerte, dirigido desde el interior que sólo obedece a sus impulsos. El hombre débil (de Wiener), en cambio, es guiado por la sociedad y la moralidad; el fuerte es un hombre de acción, el débil es de reacción.
En el mundo de la comunicación el hombre fuerte desaparece, su puesto lo ocupa el hombre débil, sin interioridad, un ser dirigido desde lo externo, un hombre de reacciones que se somete a las obligaciones de la vida social (P. Breton, L’utopía de la comunicazione).
El hombre actual es un enajenado de las nuevas formas tecnológicas de expresión, más importantes que sus contenidos, manifestadas en las formas masivas de comunicación, en una comunidad ilimitada, abierta a todos. Recordando al Premio Nobel de Literatura, José Saramago, “el mundo se está convirtiendo en una caverna igual a la de Platón: todos mirando imágenes y creyendo que son realidad”.
* Presidente