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Sobre la fe

17 noviembre 2022 4:27 pm
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Roberto Estefan Chehab                                  

La esperanza descansa sobre la fe. Las personas necesitamos de una vida espiritual activa que incluye la cultura, el arte, la música, la buena lectura; sin embargo, hay un elemento muy profundo que, en mi concepto es insalvable: la relación con Dios y no me refiero a aspectos meramente religiosos. las religiones son una vía: no la única. La religión es una creación del hombre, contaminada con política, dinero, dominio de unos sobre otros, manipulación, mal ejemplo y un perverso y continuo deseo de poder que nada tiene que ver con lo profundo del mensaje de Dios. Los seres humanos atravesamos momentos y al ser dotados de inteligencia, que va mas allá de la capacidad de discernir, nos acoge el derecho de dudar, entrar en contradicción e incluso negar la existencia de DIOS. A pesar de todo, en el trasegar se nos presentan infinidad de episodios en los que alguna señal, una especie de “voz interior, por llamarlo así, nos lleva a intuir que algo muy grande y poderoso hay sobre cualquier elucubración que nos incline a creer que el universo, su creación y su realidad son solo el producto de una serie de magníficas explosiones de energía. Ese concepto muy científico e interesante puede tener mucho de cierto únicamente cuando no se excluye aceptar que, la explicación más allá de esas maravillosas descargas, agujeros negros, Big Bang, inflación cósmica del universo etc. está en la energía primaria, matriz, inexplicable y esa misma, seguramente, es Dios, el espíritu, la fuerza, el verdadero poder. Las distintas descripciones alrededor de un dios castigador, “bravo”, juez, punitivo, son, en mi concepto, absurdas. Si bien es cierto que, en la Biblia, tanto en el antiguo como en el nuevo testamento se describen episodios en los que aparece un dios duro, inmisericorde, vengativo, la realidad radica en la falta de análisis y comprensión lectora, así como en ignorar la realidad que en cada momento de la historia se “vivía” su existencia. Imagínese si hoy viniera Jesús nuevamente, encarnado, cuán distinta sería su historia entre nosotros. ¿viajaría por todo el mundo en aviones como lo hace un Papa u otro pastor? ¿usaría redes sociales o satélites? El mundo hoy es muy diferente al sencillo y primitivo contexto de esas épocas: la interpretación humana de los mensajes no podría ser igual: no es igual. Lo rescatable radica en que la esencia del concepto es la misma, permanece invariable, el tiempo no ha sido capaz de arrasar con ella. Y lo espléndido radica en la sencillez del tema: se circunscribe al amor. Nada que carezca de amor tiene relación con Dios. Y, entonces el concepto de pecado se cimenta en irse en contravía de lo amoroso: la guerra, el rencor, el engaño, la falta de respeto con el universo y la creación comenzando por el propio cuerpo; el actuar sin consideración con el otro, hacer daño de cualquier manera es lo que realmente se opone al amor: las consecuencias de esas conductas siempre conducen al sufrimiento y la destrucción. Por eso, no es nada menor tener la humildad de reconocer que hay una energía, un espíritu superior por encima de todos y de todo y que El es el creador de todo y por lógica ama su obra. A eso lo podemos llamar tener fe, o sea creer, aunque, a pesar de millones de intentos no se logre comprender que es esa fuerza innegable. Y, cuando a alguien le dicen “tenga fe”, la referencia no se hace a hechos puntuales sino a creer que hay una manera de encadenarse a esa inmensa fuerza espiritual que todo lo puede: esperar resultados mágicos no es lo inteligente. En medio de la tribulación o la alegría hay una razón superior. Difícil de entender si se carece, en la vida, de cultivar el aspecto espiritual. Trate de percibir a ese ente que le da señales y no pierda la fe, no intente creerse superior a Él, no es desafiable. Tener fe vale la pena.

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