James Padilla Mottoa
Día del periodista, 9 de febrero, normal. No hay mayor aspaviento; si acaso una generosa invitación a compartir una cena o un almuerzo, pero a los que sinceramente es mejor no asistir.
Diría que hoy no hay lugar para una gran celebración porque el periodismo en Colombia no pasa por sus mejores tiempos: los medios tradicionales han entrado en crisis y la alternativa del emprendimiento personal es materia que aún no tiene mayor desarrollo para acoger a tanto profesional que está llegando de la universidad con un fardo de las mejores ilusiones.
Lo saben todos. Soy un periodista de los de antes, con toda una vida profesional vivida en la radio como nicho principal, pero también con largas jornadas en algunos diarios nacionales y la televisión regional. Esos medios como fuentes de empleo cada vez están más reducidos. En la radio encontrar una oportunidad con un salario digno es hoy algo muy difícil y en prensa o televisión existe el llamado "free lance", tal vez la más perversa modalidad de contratación para un profesional del periodismo: consiste en que a uno le pagan por nota publicada y para ello tiene que pasar por la decisión de un editor o jefe de redacción.
En la mañana de este jueves me llamó un querido amigo periodista para preguntarme en su programa radial mi opinión sobre el momento actual del periodismo deportivo en el país. Y me vi en la obligación de decir francamente lo que pienso: no he conocido peor momento para el periodismo deportivo que este. A la radio, que fue casa y universidad de los más grandes, se la tragó la manigua de la televisión y los medios digitales. Ya ni siquiera los narradores y analistas pueden ir a los estadios. Son pocos los que cuentan con autorización para hacer transmisiones en directo desde una cabina en el escenario donde se juega. Ahora es desde estudio y doblando de la televisión, como un triste atardecer para el medio que ayudó a crear el torneo del fútbol profesional y muchos otros sustentos del desarrollo deportivo del país.
Las agremiaciones de periodistas deportivos sucumbieron ante la voracidad comercial de los que manejan el fútbol rentado. A ellos solo interesan los llamados concesionarios, o sea aquellos que están cobijados por las empresas que han comprado los derechos deportivos de radio y televisión. Para los demás uno creyera que existe el propósito de sacarlos de los diferentes estadios donde se juegan los partidos de los distintos campeonatos.
No de otra manera se explica la potestad que entregó la jerarca del fútbol profesional a los equipos para que decidan a quienes permiten el ingreso al escenario respectivo. Le ponen al periodista una serie de pasos para su acreditación y esa solicitud se envía a todos los equipos y casi la mayoría contesta de inmediato que " su solicitud ha sido rechazada".
Anteriormente había un carné que expedía la máxima agremiación del periodismo deportivo y ese documento abría todas las puertas de los estadios de Colombia y Suramérica. Ahora el carné ya no tiene validez. Algunos lo seguimos portando porque tenemos lazos sentimentales muy fuertes que nos atan a la entidad que reúne a la mayoría de los periodistas que han dedicado sus vidas al servicio de esa causa del deporte.
Da grima presenciar el viacrucis y la humillación que sufre el periodista en la puerta de un estadio al ser rechazado por una funcionaria cualquiera, que sin pudor ni respeto te va diciendo que no tiene acreditación alguna. Por eso no volví al estadio; porque no se puede confundir la humildad personal con la dignidad institucional. Por eso no encontré motivos para festejar en el día del periodista. Eso sí, a todos mis colegas muchas felicitaciones y la invitación a seguir luchando por los más altos objetivos en el desarrollo de nuestra región.