domingo 7 Dic 2025
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La música que vi bailar

16 septiembre 2023 10:10 pm
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Mi gusto por la música viene de tiempos inmemoriales. Desde cuando mi padre, ponía música en una radiola grande. Nunca olvidaré el día que me mostró la carátula de un disco interpretado por el organista Manuel J. Bernal, acompañado de Lito Paniagua, célebre guitarrista de aquellos años, en homenaje al compositor Luis Antonio Calvo. “Este murió de lepra”, me dijo papá y ese es el primer conocimiento musical que recuerdo.

Si de música bailable se trata, mi memoria rescata en el barrio donde vivíamos, Rosa María de Los Moonlights, Cumbia Triste de Antonio León y su conjunto, colocados en los equipos de sonido de los vecinos, sobre todo en diciembre, cuando sonaba “Macondo”, “Fantasía Nocturna” o “La Martina”, una ranchera reciclada como bailable cantada por el Loco Quintero, y todo sonaba junto con la pólvora, las papeletas, los totes, las sirenas, los globos… etc.

También recuerdo a Willie Colon, Los Hispanos y todo lo que se bailaba en el colegio, como “La cumbia “sampuesana”, “Yo me llamo cumbia” de Mario Gareña, que se cantaba antes de entrar a clase, lo mismo que “Sin una ilusión” de Jimmy Salcedo o “La Pollera Colorá” que siempre consideré la reina de las cumbias.

Creo que la época más importante de la música tropical en Colombia fue el año 1.975, cuando surgió “El Cuartetazo” con los Wawancó, el tema bailable que más me gusta; “El Preso” de Fruco y sus Tesos, un himno de la salsa, “Buscándote”, “La Virgen de las Mercedes”. The Latin Brothers con “Las caleñas son como las flores”, sin olvidar que del Perú nos vino “Caminito Serrano”, de Enrique Delgado y Los Destellos y no dejaba de sonar “Pedacito de mi Vida” de Celina y Reutilio.

Los escuchaba por una radio grabadora “Sony” que mi padre compró, en la que sintonizaba emisoras como radio Santafé o radio Súper de Bogotá en F.M. Aprendí a organizar las antenas y a coger mejor las emisoras en la finca, encaramado en un techo, hasta que una tarde se desfondó y de vainas no caí al piso.

Desde niño, he sido un aguafiestas; bailaba por simple cortesía con mal paso en el colegio o en las reuniones de la casa. En uno de esos bailes, cuando contaba con once años y estudiaba en el colegio San José, esperaba que una chica me invitara a bailar mientras bostezaba viendo a otros hacerlo y resulta que ahí me quede dormido, arrullado por los temas de moda de Nelson y sus Estrellas y “La Danza de los Mirlos” del conjunto del mismo nombre, Los Mirlos, del Perú.

En otra ocasión, yo, como siempre flojo para el baile, me puse a recochar, brincando cerca a la radiola y le pegué una patada sin querer, el caso fue que la aguja ocasionó en el disco un gran rayón de lado a lado.

Como no volví a parrandear con mis amigos, quedaron frustrados ante el desplante. “Qué desperdicio, me decían”, pero yo me limité desde entonces únicamente a oír los temas de moda, “Solo un Cigarrillo”, de Pastor o “Tabaco y Ron” de Rodolfo.

He tenido preferencia por los temas bailables de Lucho Bermúdez como Tolú o de Pacho Galán como Boquita Salá, porque los escuché desde niño en aquellos diciembres. De Edmundo Arias “Diciembre Azul”, y muchas orquestas en los festivales de Armenia, cuyos nombres se me escapan, aunque sigo moviendo el esqueleto al oírlas.

Al Coliseo del Café, entré una vez a ver a “La Sonora Dinamita” con una amiga de 86 años a quien llevé para que no se sintiera sola. Cerca de mí una señorita que bailaba en solitario me dijo: ¿usted baila? Pero por mi inexperiencia con el baile, le dije que no; no me atreví.

En Circasia, en unas festividades, conocí a Guayacán orquesta y escuché sus famosos mosaicos, pero quiero resaltar a Gustavo “el loco” Quintero de Los Graduados. Conocerlo personalmente y oírlo cantar entre su repertorio: “Fantasía Nocturna” de Adolfo Echeverría, que es como su caballito de batalla, fue la gloria en esos años.

Diciembre tras diciembre, me parecía imperdonable que no se escuchara: “Don Goyo”, o “Ese Muerto no lo Cargo Yo”, hit bailable de la compositora Graciela Arango de Tobón y todos esos temas del 70. Igualmente “La piragua”, “Violencia” de José Barros en la voz de Gabriel Romero con los Black Star, “La Burrita” de Los Corraleros y alguien a quien muchos no recuerdan pero que amenizó bastante nuestros ratos jóvenes: Frank Pourcel.

Sufrí una frustración con Noel Petro, “el burro mocho”. El día que fui a verlo, se acabó la boletería en la plaza de toros y la reventa estaba al doble. Duro escuchar desde afuera “Azucena” y todas sus canciones. También quiero recordar a Nelson y sus estrellas, que el pasado 19 de diciembre en Circasia, escuché a beneficio de la parroquia de Las Mercedes y al grupo Wawancó, otra orquesta con la que yo vibraba solo.

Disfruté de Los Gaiteros de San Jacinto, los de “Manuelito Barrios”, en el mismo escenario con el “Cuarteto Imperial’’ de Helí Toro. Hoy por las redes sociales, escucho música bailable para animarme, ya que estoy aprendiendo a bailar los viernes en un centro comercial. La música es buena y por ser un arte que Dios concedió a los hombres, nos sirve para alegrar el alma. Como dice Cantinflas: “quien canta sus penas, las olvida”.

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