Cuento: Atuneros

21 octubre 2023 10:04 pm

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Son muchas las conversaciones que se pueden oír cuando se es Comandante de patio en un centro carcelario. “Mamey” y “El Viejo”, fueron internos como tantos otros que conocí en la Cárcel de Tumaco, a quienes oía recordar en sus horas desocupadas de reclusión, historias como la que sigue:

El aire saturado por el olor rancio de las camaroneras parece disimular el otro más agresivo, pero menos abundante que sale de los “calillos” recién liados por ellos. El viento marino viene cargado de historias, el sol, recién marchado, conserva todavía en este lugar de la tierra, las colas de sus corceles dorados, y entre tanto, tres hombres negros intentan esconderse bajo las últimas tablas del muelle peatonal de madera, donde los turistas y pescadores se adentran un poco en el mar durante el día. A esta hora es un sitio seguro, pues la marea ya sube y la gente comienza a marcharse.

Dos de ellos, recostados cada uno en un pilar de tronco redondo, de los tantos que sostienen la larga tarima, se dedican a armar los “varillos” que van a consumir, mientras “Mamey”, el más curtido en avatares delincuenciales, aspira con holgura el humo embriagador de su “calillo”, y lo sostiene un momento en los pulmones, al tiempo que “hace sombra” con un contendor imaginario. Tiene buen estilo, se mueve bien y lanza los golpes con firmeza, pero lástima, le gustan más los “torcidos”.

– ¡Ufff! –Exclama al expeler la bocanada. –Todo suave mis panas que esta noche no se puede “trabajá”, su majestá el Cacique Pluma Cagada, anda de operativo.

–Seguro “mi ñía”– Opina “Terrible”, el más joven–, con ese “tombo” jodiendo en la calle, toca quedase quieto aquí, en “loficina”–. Y lleva su “vareto” a los labios para aspirar con la misma fuerza y ánimo que “Mamey”.

–Y vos- interviene el otro, de aspecto maduro, agregando a la traba un buen trago de “charuco”, licor casero hecho de chontaduro–, ¿es que practicás el botséo, ve? –. Pero indica con la mano que ya viene a escuchar la respuesta, pues ante la seña de negocio sucio que le hace otro hombre, se dirige a entregar algo de lo que vende y que extrae primero de una caleta entre la roca y la arena. Recibe el dinero, lo guarda, entrega la mercancía y retorna.

A unos doscientos metros de ellos, el malecón centellea todavía con los últimos reflejos del día, con sus ventas de pescado seco, atún, toyo, mariscos, carne de monte como ratón, culebra y un largo etcétera. Muy al contrario, mientras los venteros preparan su partida, el mar trae en la marea los refuerzos para sus coqueteos con la playa.

–Le gusta mi ñía. A mi hermano le gusta el botseo y el Oso Medina, el serrano ese que promueve botseadores, le ha dicho que quiere manejalo, pero a Mamey le gusta más el peligro, mirá. Siempre ha sido así– Responde Terrible.

–Por eso es que “quieru´ime a róbales” al centro, ve–. Agrega el aludido, quien suma otra aspiración, otra retención en los pulmones y más sombra… un dos, un dos… agache, recto, agache… gancho izquierdo, baile con los pies, los pies…

–¡huy mi panita! no pueden negar que tengo madera, ¿Sí o no?, pero ¿sabés qué?… je je je, me gustan más los torcidos, marica.

– ¿Sabés que gonorreíta? Vos te movés muy parecido al mejor que hemos tenido en el ring, mirá. Vos podés ser un buen estilista, mi ñía.

– ¿El mejor, mi pana? ¿Sabés quién fue el mejor? – Grita “Mamey” y se lleva la mano a la nariz, porque en ese momento un gran montón de mierda viene por la acequia que baja desde el malecón para llevarlo lejos, hasta el manglar, donde por la mañana los peces carroñeros lo van a consumir, junto con el gran caudal de desperdicios que el hombre en su descuido por el planeta genera a diario.

– ¿Para mí? Para mí el mejor ha sido el Beny Caraballo–. Se adelanta el viejo, toma otro trago y le pasa la botella a Terrible.

– ¡Nooo mi ñía! ¡No! Si ese man ni siquiera fue campeón mundial– riposta Mamey.

–Bueno, no fue chámpion, pero sí fue el primero del país que disputó un título. Fue con un brasileño, que si la cabeza no me falla, se llamaba Eder Jofre. Eso fue… no joda, por allá en el sesenta y mamáa.

– ¿O sea que el tal Jipi Zora ese, no fue el primer campeón mundial, “Mamey”?– Pregunta el más joven dejando el charuco en manos de su hermano.

“Mamey” suelta una sonora carcajada antes de ingerir el licor que quema al pasar por la garganta y el viejo además de soltar otra, agrega un “¡no joda!” y a continuación el reproche:

–Arajo, Terrible, no la cagués así, ve.  Primero que todo, vos hablás es del Hapy Lora, ningún jipi Zora, no joda. Y como segundo, no, mi ñia, no. El primer campeón mundial que tuvimos se llama Kid Pambelé y actualmente está en la puta olla por consumir esta mierda que yo vendo.

–Allá él, por güevón, Viejo– discute “Mamey” quien ya arma el otro varillo, el primero apenas fue el arranque. –En cambio mire al Rocky. Ese man sí guardó la platica que se ganó a punta´e trompadas. Así mismo voy a guardar yo la platica que me robe cuando Pluma Cagada termine de mariquiar con su operativo.

–Bueno, ¿pero el tal Lora, qué?– Insiste Terrible.

–Ese era un teso, aunque era “desteñido”– Responde “Mamey”, quien ahora sale de debajo de la armazón de madera para lanzar un silbido, supuestamente halagador, hacia la hermosa morena que ofrece en un canasto las últimas lisas que le quedan. La ventera coqueta, adorna la venta de sus pescados, con blancas sonrisas y el movimiento danzante de su hermoso culo.

–Huy mamita vos lo que estás es muy buena, arajo– Suspira “Mamey”, y regresa al escondite a retomar el tema y de paso a ingerir otro trago y armar otro varillo, luego de lo cual continúa:

–A mí me gustó más, Baza.

–También era bueno– Agrega el viejo– ¿Recordás el peleón que se fajó ese negro en las Europas con Macauslan?– Y a continuación, con ánimo de ser oído, dice:

–“Sh, Shit”– y lleva la mano a su oreja. – ¿Escuchan?

– ¿Qué? – Interrogan los otros dos.

–El viento que viene desde el Morro- Expresa con aire entendido el hombre. –Es como si nos hablara, mis ñías. Mi viejo decía que los pescadores de tanto oír el viento, aprenden a oír las historias que vienen desde allá. Me contó que un amigo suyo, buen nadador y bien valiente, una media noche de viernes santo, como esta, se fue a punt´e brazo hasta el morro a encontrarse con la sirena.

– ¿La sirena? – Pregunta el dúo oyente, que mira a la vez la inmensa roca redonda que a unos trescientos metros emerge en el mar y que se ve desde la playa.

– ¿No han oído la historia? Aquí en Tumaco todos los “vieja guardia” la conocen. Si vos tenés valentía, y sos un buen nadador, un viernes santo a las doce de la noche nadás hasta el morro, esa roca que se ve desde aquí, como una lenteja gigante parada entre el mar, y allí encontrás a la sirena. Pero no debés tenele miedo y tenés que tratala con respeto. Entoes, cuando ella te mira, te hace una pregunta y mucho cuidado con lo que respondés. ¿Qué querés? ¿Mi pelo? ¿Mis ojos? ¿O mi mate?

– ¿Y para qué arajos va querer uno eso? – Inquiere Terrible.

–Pa´ metérselo por el…

–Ni te atrevás “Mamey”, que a la sirena no se le puede faltar al respeto. Pero mirá te explico negro. Lo que pasa es que el cabello de la sirena es “di´oro” y los ojos son dos esmeraldas finísimas. Por eso uno debe pedir el mate que no vale nada. Entoes como ella ve qui´uno no es interesado, pues lo lleva donde hay un tesoro inmenso y te deja llevar lo que podás y lo que querás. Pero si uno demuestra que´s muy ganoso a la plata, pues ahí mismito, ella se encarga de hogalo a uno.

–Pues yo no sé si creer en esas cosas, porque… ¡Huy! ¡ponete aletoso viejo! ¡po´allá viene Pluma Cagada! – Alerta “Mamey”, y en efecto un oficial de policía, con sus agentes, llega al malecón donde su trabajo se pone de manifiesto con requisas, revisión de documentos y demás. El operativo da a nuestros hombres el tiempo justo para salir de su rincón y alejarse de la caleta donde el viejo guarda su merca.

Minutos después se encuentran con manos y piernas abiertas mientras son requisados, presentan sus documentos y reciben la advertencia del oficial:

–Espero que estén bien juiciocitos y que sigan así. Sobre todo, usted, mi estimado “Mamey”. Ya sabe que lo llevo en la mira.

–Estoy juicioso, mi capi, juicioso.

– ¿Y usted, viejo? ¿Cómo van sus negocios?

–Para nosotros los atuneros artesanales, la cosa está de mal en pior, desde que llegaron las compañías peruanas, mi capitán. Esos ya casi no nos dejan náa a los tumaqueños. Estamos jodidos y a estico del hambre.

–Yo sé que usted no aguanta hambre porque se rebusca con otras… “cosas” viejo. Por eso les digo que tengan mucho juicio. No se les olvide que yo ando en la jugada. Buenas noches señores.

Y el Oficial, junto con sus hombres sigue su camino, mientras el viejo, “Mamey” y Terrible, lo miran con rabia silenciosa unos momentos, hasta que el viejo, buscando en los escondrijos de la playa con expresión dolorida, grita desconsolado:

– ¡Vida jijueputa! ¡La marea se llevó la merca!

Mamey, quien estalla en una carcajada, empuja a su hermano exhortándolo a ayudar en la búsqueda, y para justificar su falta de colaboración, dice:

– ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!…  Por eso es que a mí me gustan más los torcidos, marica.

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