Por James Padilla Motoa
No soy amigo de los balances cuando se trata de calificar una actuación deportiva y por eso me abstraigo de hacer cuentas con sumas y restas, luego de la actuación de nuestros deportistas en un certamen de la naturaleza de los Juegos Nacionales.
Y les digo por qué: es que se trata de un ejercicio sumamente subjetivo en el que entran diversidad de factores que arrojan como resultado conclusiones, ninguna de las cuales puede subestimarse. Como decimos en el argot popular: todo depende del cristal con que se mire.
Les cuento esto porque me han llamado algunos amigos, colegas y aficionados sencillos, para pedirme una opinión sobre el resultado de los pasados Juegos Nacionales para el Quindío, algunas de cuyas competencias se llevaron a cabo en nuestra ciudad. Y a todos ellos les digo lo mismo: personalmente no esperaba el número de medallas conseguido por nuestra representación, teniendo en cuenta la debilidad de los programas institucionales para alcanzar un auténtico desarrollo deportivo. Pero la realidad ha sido otra y el número de preseas, de oro y de otros metales, patentiza un guarismo interesante que nos ubica en la mitad de la tabla, para usar una frase acuñada en el ambiente del fútbol.
Más bien quisiera asumir estos logros como una buena base para iniciar un nuevo momento para el deporte quindiano, potenciando una serie de disciplinas nuevas en nuestro paisaje local y que han tenido una descollante actuación. Balonmano, bádminton, triatlón y una que antaño nos reportó magníficos resultados como es el atletismo, deben recibir un apoyo decisivo por parte de las autoridades para tratar de subir en el medallero general, muy especialmente para recortar el enorme terreno que nos han tomado los departamentos vecinos, los cuales son nuestro verdadero punto de referencia.
Pero eso solo no basta: se requiere un cambio de mentalidad en la dirección deportiva en la ciudad. A las autoridades locales les compete el deporte formativo, es decir, los programas dirigidos a los menores que constituyen el patrimonio del futuro. Se ha llamado tradicionalmente el programa de las Escuelas de Formación, de las cuales han surgido algunos de estos representantes nuestros que se cuelgan ahora las medallas. Pero es un programa en el cual se puede mejorar muchísimo a través de una mejor atención al recurso técnico y al tipo de trabajos que se realizan en él. El instituto local precisa de funcionarios del área técnica vestidos de sudadera, aguantando soles y lluvias en los campos deportivos, ordenando y evaluando en el sitio los elementos técnicos y científicos que estructuren el aprovechamiento de los nuevos talentos.
En ocasión anterior nos referimos a los nuevos escenarios que se construyeron y se construyen con el argumento de los Juegos. Hay que mantenerlos muy bien y como eso cuesta mucha plata se deben entregar a los privados que tengan experiencia y capacidad empresarial para que esos escenarios sean al mismo tiempo foco de desarrollo deportivo y gestión comercial que produzca las ganancias para el beneficio de todos. Tenemos que traer a Armenia certámenes de tipo nacional e internacional para conseguir los objetivos de la plena utilización de los magníficos escenarios que nos quedaron ahora y los que ya habíamos obtenido en ocasiones anteriores.
¿Y el fútbol qué? Una de las frases acuñadas en el entorno de los Juegos dice que "quienes no clasifiquen el fútbol, sencillamente no existen en el panorama deportivo nacional". Es una sentencia dura y aunque muy exagerada, tiene un fondo de verdad por cuanto el fútbol es el deporte popular por excelencia. ¿Qué podremos decir de un Quindío que no logra la presencia del fútbol desde el año 1996 en los Juegos de Bucaramanga? La medio bobadita de 27 años sin que se haya podido ver un proceso fuerte, bien estructurado para rescatar nuestro fútbol aficionado y que nos permita darle presencia en el ámbito de mayor importancia. Los dirigentes que han pasado cargan con esa deuda tan gravosa en la historia más reciente del deporte comarcano.