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31 mayo de 2018  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

Un café en el Quindío

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Imagen informe especial

Por Carlos Fernando Gutiérrez

La escena no podía ser más evocadora. En una casa de bahareque, cuyo local era una vieja tienda de pueblo, nos sirven un café recién molido en pocillos de esmalte. Allí, en medio de entrepaños de madera, objetos antiguos, taburetes y mesas rústicas, degustamos el mejor sabor de la región: un café quindiano.   

Los breves goces. Las pequeñas alegrías. La felicidad del instante en una taza. Así podríamos describir la sensación de visitar los pequeños locales, donde se ofrece esta bebida en nuestra comarca. Los suelos de origen volcánico, el clima y un proceso cuidadoso, hablan de las bondades particulares de uno de los cafés más suaves del mundo. Estos pueblos montañeros, custodiados por los Andes, nos permiten recorrerlos contemplando su topografía vestida de todos los verdes.

Viajar por las carreteras del Quindío, conocer los pueblos cafeteros y degustar un tinto, es una experiencia primigenia del viajero esencial. Entre pintorescos locales nos acercamos a las raíces campesinas. Tras ese sabor de la tierra, se tiene la oportunidad de habitar paisajes, arquitecturas tradicionales y gentes cordiales. Herencia de colonos paisas, cundiboyacenses y vallunos que construyeron una región de diversos matices, pero vinculados al ritual de esta bebida que ha forjado una identidad particular en este territorio.    

Café Aborigen y La Casa del Café en Quimbaya, Café éxtasis, San Alberto y Concorde en Buenavista. Café El Guadual, La Ruana Café tertulia, Yipao Café en Circasia. Bar social de Pijao.  Jhan café de Filandia. El café de Carlos, Momo´s en Calarcá. Café El troncal de Montenegro. Café Kantora y  Jesús Martín en Salento. Molinari y Frida Café en Córdoba; entre muchos otros, identifican el placer de disfrutar una bebida que tiene un gusto único, en esta tierra. Tras esa esencia regional existe una tradición, una cultura, una identidad que comparten pueblos y veredas del Paisaje Cultural Cafetero de Colombia.  

En la última década se ha creado una cultura y variedad en la preparación de esta bebida. Era paradójico saber que, hasta años atrás, no consumíamos ni procesábamos lo producido. Los mejores granos salían de nuestra zona y solo nos quedaban las pasillas y granos ordinarios. Hoy se ha dado un floreciente mercado y una proyección de los cafés de origen, con gran variedad de sabores, texturas y recetas. Más de ochenta marcas de este producto, entre tecnificados y artesanales, tenemos a disposición en todo el departamento.   

Ubicarse en la plaza central de Filandia y degustar un café campesino, rodeados de la inmensidad de la cordillera de Los Andes, es una sensación única. Beber una taza, en medio de fachadas de bahareque, en el municipio de Génova, es palpar las herencias culturales de aquellos colonos antioqueños y tolimenses que fundaron pueblos en medio de selvas y adversidades. Compartir con amigos en las modernas terrazas de Armenia y Buenavista es un gusto sofisticado donde se combina lo moderno y lo tradicional. El ritual de esta bebida permite una comunicación con las raíces aldeanas y un sentido cosmopolita del mundo.

Venir al Quindío y descubrir estos pequeños locales, donde el café es el centro del sabor, es una experiencia nostálgica. Un recorrido por estos paisajes cafeteros y contemplar a los recolectores entre surcos y montañas, con sus implementos tradicionales, nos conmueve. Detrás de esa taza se halla la esencia de una región que guarda secretos campesinos para espíritus asombrados. 

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